Cien días de supervivencia

Cien días de supervivencia. Antonio Tapia

Este cuadro marca un antes y un después en mi camino por la creación. Una encrucijada que marcó toda mi vida…

Durante meses a lo largo del 2007, sentía una desazón que me quemaba por dentro y lo achacaba a mis miedos, a mis dudas respecto a la conveniencia de las obras que estaba realizando, a todas las circunstancias que me tenían constantemente irritable y disconforme con la vida que me rodeaba.

Por otro lado, creía que todos estos pensamientos eran los responsables del agotamiento físico que arrastraba, o al revés, el caso es que cada día me costaba más arrancar y echar a andar, sentía un ardor en la espalda muy fuerte que me obligaba a veces a pararme y contener la respiración.

Pero sin darle más importancia, yo seguía en mis pensamientos y mis líos sin hacer caso a las señales que en silencio pero sin pausa avisaban de que algo marchaba mal.

Una noche, después de una comida familiar, el dolor era insoportable, casi no podía respirar. Pensaba que era por una contractura en la espalda o algo así, y llegó un momento a las 3:00 AM, que era tal el dolor, que decidí acercarme a urgencias a que me dieran algo para calmarlo. El hospital era justamente el edificio de al lado, Y para
qué iba a decir nada a nadie a esas horas, el tiempo de ir y volver, sería rápido seguro ir un sábado de agosto en Murcia a las urgencias del Reina Sofía.

Pero la cosa no fue como yo esperaba, después de un rato largo y de varias pruebas una enfermera se puso a los pies de la cama mirándome de reojo, como despreocupada pero controlando, y en unos minutos se acercó una doctora que me dejó caer la noticia: estaba infartando.

No me lo podía creer, me daba risa pensarlo, seguro que se equivocaban, a mí lo que me dolía era la espalda… y pensando en todo esto me vi desnudo en un BOX de UCI lleno de cables y sondas, con seis o siete personas alrededor manipulándome, rodeado de aparatos con gráficas, sonidos y colores… ‘Parece la feria’ me dije en uno de aquellos pensamientos surrealistas que se cruzaban como flashes, al mismo tiempo que el miedo y el nerviosismo iban sustituyendo la sensación de estupor e irrealidad del principio.

El auténtico golpe de terrible verdad vino cuando entró mi madre descompuesta, le acababan de avisar de lo que pasaba cuando ella creía que estaba durmiendo en mi cama. Creo que es el acto de inconsciencia más horrible que he hecho nunca, y jamás podré pedirle perdón a mi madre lo suficiente.

Avanzando en el relato, tardé una semana en subir de la UCI a planta, y en el transcurso tuve dos paradas cardíacas, que me hicieron replantear toda mi existencia.

Cuando te asomas al balcón de la muerte en la noche negra y entre lágrimas ves el cielo oscuro, agotado de luchar, te das cuenta que sólo hay unas pocas estrellas que brillan en esa negrura, unas pocas personas que son las que te guían y te reconfortan en la obscuridad de la vida, y entonces decides aguantar un poco más y seguir viviendo por ellas, porque merecen la pena.

Te replanteas todo, te das cuenta que como creativo sólo es importante contar lo que sientes, lo que te hace vibrar, coges una emoción que desafina, la trabajas y modulas hasta que consigues contar en una obra ese sentimiento discordante, esa nota fallida que rompe la armonía de tu ser.

El infarto me llevó a dar un golpe de timón a mi manera de contar cosas, desde entonces entiendo que sólo el alma de la vida, la emoción, es lo bastante poderosa como para desencadenar el acto creativo. El resto del tiempo y acciones, el resto de cuadros, sirven para adquirir la destreza y estar preparados para cuando el sentimiento desborde y a través de mi mano se haga material.

Este cuadro ‘Cien días de supervivencia’ recoge esa sensación de entrar a la sala de vida desde el balcón de la muerte, cada uno de los círculos corresponde a uno de los protectores de los parches de nitroglicerina que impidieron que mi corazón reventara de nuevo, y que, rotando de manera inexorable como el tiempo, acumulaban poco a poco más energía, más fuerza y más ganas de contar al mundo lo que siento.

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Una respuesta

  1. Admirado y querido Antonio, hay que ser muy valiente para en un momento de tu vida, darle a esta un giro y empezar otra.
    El motivo es lo de menos, lo de más es la decisión.
    Y de esa decisión nos beneficiamos los que seguimos tus mundos pintados.
    Gracias por dejarnos disfrutarte.

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